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Patrimonio Cultural/ Patriminio Inmaterial/ Música y Danzas
Desde muy antiguo los hombres y mujeres en el Perú fueron músicos y danzantes, como lo demuestran las evidencias arqueológicas de instrumentos musicales, de textiles y ceramios con escenas de canto, mostrando ejecutantes y bailarines en medio de escenarios cuya permanencia cultural ha sido plenamente consignada por las informaciones etnohistóricas. De hecho las actividades musicales no eran sólo meros espectáculos sino que se entrelazaban de manera intrínseca con actividades relacionadas con la naturaleza, la sociedad y las divinidades.
La expresión extrema de este entrelazamiento se produjo luego de la conquista española: una vez perdidos los recursos militares y sumidos en la desesperación, el último modo de resistencia que encontraron los nativos fue el canto, la música y la danza, esta última reelaborada de manera frenética, en lo que se conoce como taki onqoy o enfermedad del baile,  entendiendo el término taki como un vocablo que engloba la música y la danza. Fue un postrero recurso por recuperar lo propio, apelando al culto a las divinidades originarias.


Ese espíritu musical y ceremonial nativo fue aprovechado con mucha inteligencia para la consolidación de la evangelización durante el Virreinato, y con ello también se enriqueció el arte andino con nuevos géneros e instrumentos musicales, en especial los de cuerda, permitiendo la creación de danzas y escenificaciones teatrales conforme a los nuevos usos y costumbres. Los misioneros recurrieron a estas propuestas artísticas para legitimar las festividades patronales en cada pueblo y para cumplir con el calendario litúrgico. Si bien pervivieron formas musicales nativas, con el tiempo se  produjo un variado mestizaje según las regiones y sus raíces culturales particulares.

A partir de la época republicana se incrementaron las creaciones de índole más profana, sobre todo las relacionadas al galanteo, a las nuevas costumbres o a la celebración popular de acontecimientos políticos y militares, enriqueciéndose de este modo lo que hoy  se conoce como folclore. La diversidad de las actuales expresiones musicales y dancísticas surge de recreaciones de géneros indígenas prehispánicos, de géneros regionales inspirados en modelos europeos coloniales y republicanos, o creaciones más o menos recientes producto de la creciente presencia de los medios modernos de comunicación. Las canciones y las danzas describen nostalgias o anhelos, los sonidos musicales muestran alegría, euforia, solemnidad o tristeza; y las danzas igualmente se adaptan a todas las situaciones sociales: las hay para animar las fiestas patronales o religiosas, las faenas de trabajo, los rituales de guerra y las diversas fiestas familiares.